Despues de leer enciclopedias, fasículos de dinosaurios, tomar apuntes y discutir la información recogida, los chicos de tercero realizaron los siguientes textos
Proyecto: Dinosaurios
3 A B y C
NUESTRO PLANETA
Hace millones de años no había nada .Una nube de gas y de polvo se convirtió en piedras y en planetas después.Un planeta chocó con la tierra , le sacó un pedacito y se formó la Luna. Nataly Araujo
LOS CONTINENTES
Hace miles y miles de años que la tierra tenía un solo continente . Después se fue separando Así se formó la tierra como está ahora.Era Pangea que se rompió y se hizo
muchos continentes que se separaron, tardaron en separarse y ahora se están juntando pero van a tardar millones de años. Yamila Gómez
¿LOS CONTINENTES SE MUEVEN?
Hace 4500 millones de años se formó nuestro planeta.Está caliente. De a poco se va
enfriando porque adentro hay roca fundida . Ahora la tierra está caliente bien adentro del planeta.Los continentes están flotando sobre la roca fundida y se mueven .Ahora se
están juntando los continentes. Gabriela Altamirano
¿NUESTRO PLANETA SE MUEVE?
Nuestro planeta se mueve alrededor del sol y tiene dos movimientos :la traslación y
la rotación que la tierra se mueve como un trompito y tarda un día. Cuando la tierra mira al sol es de día y cuando mira a la luna es de noche.
La traslación tarda un año.El planeta gira inclinado , hay partes más cerca del sol y hace calor y en otras partes está lejos y hace frío . Así se forman las estaciones del año.
Luca Langoni
Experiencia:Movimiento de Rotación . El día y la Noche.
Materiales : globo terráqueo
linterna
¿Qué hiciemos? “ Lo iluminamos con una linterna y lo hicimos girar”
¿qué demostramos?
Cuando la tierra se mueve el sol se queda quieto y a medida que se va moviendo el planeta en Argentina se va haciendo de noche y del otro lado se va haciendo de día y después sigue dando vuelta y en Argentina está el sol y en otro país es de noche.
Así se forma el día y la noche.
Ludmila Bellotti
1)¿Qué es el tiempo geológico?
“Es el tiempo desde que se formó la tierra hasta ahora y se formó de una nube
de gas y polvo.”
2)”La prehistoria es el tiempo desde que se formó nuestro planeta hasta que el hombre
descubrió la escritura.”
3)” El tiempo geológico se divide en ERAS que se dividen en períodos y en épocas”
Shaiel Adan
ERA PRECÁMBRICA
“El polvo espacial se transforma en rocas. Se forma el auga que cae como lluvia.
Los primeros seres vivientes aparecen en el agua y millones de años después aparecen
otros animales de cuerpo blando como las medusas y las algas” Elisabeth Ochoa
ERA PALEOZOICA:
Aparecen los insectos y en el mar los moluscos ,estrellas de mar y gusanos.
Aparecen los primeros árboles. Gianella Blanco
ERA MESOZOICA
Período TRIASICO:
El clima era cálido y húmedo . Había un solo continente gigante llamado Pangea
En el continente había desierto ,no había nada
No había ni una planta.Nada más había mucho helecho que crecía cerca de los lagos. .Aparecieron los primeros dinosaurios que comían hierba, la mayoría era herbívoro. No había manzanas ni árboles ni flores para oler. Juana Benítez
Período JURÁSICO:
El tiempo cambió y empezó a llover cada vez más. Aperecieron muchas plantas
y dinosaurios de todos los tamaños grandes y chiquitos,altos y bajos. Tambien aparecieron los cocodrilos, tortugas, sapos, lagartos y ahí aparecieron los árboles
confieras que se llenó el planeta. Micaela Duchen
Período CRETÁCICO:
En el tiempo cretácico aparecieron muchas cantidades de dinosaurios pero los herbí
voros eran más que los carnívoros y había un dinosaurio herbívoro que era el más grande de los herbívoros que se llamaba Sauropodo Aparecieron unos dinosaurios que tenían cuernos y se llamaban Hadrosaurios Después aparecieron plantas y árboles y se empezó a separar PANGEA y se formaron los continentes entonces cambio el tiempo y
aparecieron las estaciones ,otoño ,invierno ,primavera y verano Aparecieron muchas plantas y también las flores. Después los dinosaurios herbívoros empezaron a desaparecer y quedaron los dinosaurios herbívoros chiquitos. Al final se extinguieron
todos los dinosaurios y no quedó ninguno. Alejo Paz
LOS DINOSAURIOS
Los dinosaurios eran reptiles ahora hay reptiles. Tienen sangre fría y tienen escamas.
Los dinosaurios nacían de huevos . Los dinosaurios nacieron en la era mesozoica
Sheyla Pintos.
¿Cómo se diferencian los reptiles de los dinosaurios?
Los dinosaurios tenían las patas rectas y algunos dinosaurios caminaban con cuatro patas y otros con dos patas. Los reptiles se arrastran con las patas a los costados del cuerpo. María Belén
Dinosaurios:
Saurisquia y Ornitisquia
Saurisquia: Tenían cadera de lagarto que tenían un hueso para adelante. Tenían cuatro o dos patas Eran herbívoros y carnívoros. Yanina Morel
Ornitisquia: Tenían la cadera de ave para atrás. Algunos tenían dos patas y también cuatro patas. Todos eran herbívoros. Yamila Gómez
Dinosaurios carnívoros y herbívoros
Carnívoros: Los dinosaurios carnívoros tenían patas rápidas y fuertes y en los brazos tenían garras para atrapar y tenían cerebro para pensar como agarran a los animales que cazaban. Delia Tavio
Carnívoros: Había dinosaurios chiquitos que eran del tamaño de una gallina que comían bichos , víboras lagartija y huevos. Los dinosaurios grandes tenían patas fuertes y tenían ojos grandes para ver a los otros dinosaurios y sus presas Tenían una boca grande para atrapar con dientes grandes. Tenían brazos chiquitos y delgados con uñas filosas
Tenían una cola que hacía que tenga equilibrio Tenía patas de ave para correr y un cerebro grande para pensar como comer a los otros dinosaurios. Shaiel Adan
Herbívoros: Los dinosaurios herbívoros comían helechos gigantes y usaban piedras
en la panza para hacer la digestión Tenían el cuello largo para arrancar hojas de los árboles y algunos dinosaurios tenían bolsas en la garganta para dejar la comida para después. Ludmila Bellotti
¿COMO SE DEFENDIAN? ¿Cómo eran ¿ porqué?
Los dinosaurios se defendían cuando lo querían morder con el el martillo de huesos . Lo atacaban y se peleaba con los otros dinosaurios y el que perdía se lo comía todo.
Leonel Sotelo
Había dinosaurios que tenían placas otros dinosaurios que tenían una armadura fuerte y cuando los atacaban no los podían morder porque tenían una capa fuerte que tenían arriba suyo. Los dinosaurios herbívoros se evolucionaron. Había dinosaurios que en la punta de la cola tenían una masa muy fuerte para defenderse de los carnívoros
Otros tenían la cola como un látigo También otros teñían la punta de la cola con púas.
Gabriela Altamirano
Los dinosaurios herbívoros que tenían cola de martillo les servia para defenderse .Al
gunos dinosaurios tenían cola de látigo y cuando los querían morder les pegaban con su cola de látigo Las púas de los dinosaurios eran de hueso. Les servían para defenderse y tenían en su cabeza cuernos. Los carnívoros querían comer a los herbívoros y los herbívoros se defendían con sus colas de martillo.,colas de púas y la cola como látigo.,con los cuernos ,su armadura y las placas de huesos. Micaela Duchen
Tenían armadura .Tenían púas. Tenían cola de martillo Tenían placas. Lucas Duarte
Los dinosaurios se defendían de los carnívoros con la cola tenían una masa.
Cristian Balderrama
Tenían el cuello largo y la cola como látigo. Tenían cuernos para defenderse
Tenían púas en la cola. Gustavo Rolón.
Cuando una escuela elige publicar una revista con producciones escritas por sus alumnos, cuando pone en sus manos instrumentos para formar una orquesta, cuando los alumnos intervienen en la producción de un mural, rompe con el status quo y el sentido común de su propia comunidad. Diciendo: la belleza, el arte y el conocimiento también es patrimonio nuestros y pasible de ser apropiado. Cuando una escuela elige este rumbo es sin duda una ESCUELA PÚBLICA, rompiendo con todo eufemismo.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
lunes, 29 de noviembre de 2010
Dictado al docente de lo que aprendimos sobre la dictadura militar de 1976. 6ºGrado
El dictado al docente es una técnica de escritura colectiva que pretende que los alumnos construyan un texto (en este caso explicativo) reflexionando de modo conjunto sobre el contenido de la información que estan brindando y la forma de estructurarla. La función del docente es la de realizar intervenciones para que los chicos reflexionen sobre el uso de la lengua y la construcción textual. En este sentido el docente escribe sólo lo que los alumnos le dictan, y cuestiona el texto que los alumnos van contruyendo para que los mismos puedan reflexionar sobre su propia escritura.
El 24 de marzo de 1976 hubo un golpe militar en nuestro país que se mantuvo hasta 1983.
En este golpe los militares tomaron el gobierno democrático por la fuerza, esto ya estaba muy bien planeado por ellos.
Las tres fuerzas ejército, marina y aeronáutica se unieron para tomar el poder, el presidente fue Videla.
El estado mandaba un grupo de tareas para hacer el trabajo sucio, secuestraban personas y las llevaban a un centro clandestino de detención allí los torturaban y mataban. Luego los hacían desaparecer de distintas formas como en los vuelos de la muerte (los arrojaban al mar desde aviones).
Ellos perseguían a los que estaban en contra de la dictadura y algunos se tuvieron que exiliar en otros países. Muchos de los desaparecidos fueron: artistas, periodistas, escritores, músicos, científicos, obreros, políticos, militantes políticos, profesionales y estudiantes.
Fueron aproximadamente 30.000 desaparecidos, algunos cadáveres aparecieron y otros no.
Las madres comenzaron a ir a Plaza de Mayo a reclamar por sus hijos y nietos desaparecidos desde ese momento se las conoce con el nombre de Madres de Plaza de Mayo.
Estas valientes madres aun hoy no se han rendido en la búsqueda de sus nietos.
El gobierno militar para seguir en el poder decidió tomar las Islas Malvinas en 1982, perdieron porque llevaron a soldados sin experiencia y con armas en mal estado.
No pudieron seguir más en el poder y se vieron obligados a realizar elecciones y fue elegido Raúl Alfonsín en 1983.
Ahora estamos en democracia, mucho mejor que antes tenemos más libertad para opinar, para expresarnos, para votar, se respeta la constitución y si no se hace reclamamos nuestros derechos.
Ojalá lo que ocurrió en esos años no ocurra nunca más en la Argentina ni en otros países.
El 24 de marzo de 1976 hubo un golpe militar en nuestro país que se mantuvo hasta 1983.
En este golpe los militares tomaron el gobierno democrático por la fuerza, esto ya estaba muy bien planeado por ellos.
Las tres fuerzas ejército, marina y aeronáutica se unieron para tomar el poder, el presidente fue Videla.
El estado mandaba un grupo de tareas para hacer el trabajo sucio, secuestraban personas y las llevaban a un centro clandestino de detención allí los torturaban y mataban. Luego los hacían desaparecer de distintas formas como en los vuelos de la muerte (los arrojaban al mar desde aviones).
Ellos perseguían a los que estaban en contra de la dictadura y algunos se tuvieron que exiliar en otros países. Muchos de los desaparecidos fueron: artistas, periodistas, escritores, músicos, científicos, obreros, políticos, militantes políticos, profesionales y estudiantes.
Fueron aproximadamente 30.000 desaparecidos, algunos cadáveres aparecieron y otros no.
Las madres comenzaron a ir a Plaza de Mayo a reclamar por sus hijos y nietos desaparecidos desde ese momento se las conoce con el nombre de Madres de Plaza de Mayo.
Estas valientes madres aun hoy no se han rendido en la búsqueda de sus nietos.
El gobierno militar para seguir en el poder decidió tomar las Islas Malvinas en 1982, perdieron porque llevaron a soldados sin experiencia y con armas en mal estado.
No pudieron seguir más en el poder y se vieron obligados a realizar elecciones y fue elegido Raúl Alfonsín en 1983.
Ahora estamos en democracia, mucho mejor que antes tenemos más libertad para opinar, para expresarnos, para votar, se respeta la constitución y si no se hace reclamamos nuestros derechos.
Ojalá lo que ocurrió en esos años no ocurra nunca más en la Argentina ni en otros países.
CUENTO POLICIAL
El asesino serial
Un día nublado a las 3:33 PM sonó el teléfono. El oficial Ramírez llamaba para decir
que hubo otro asesinato en la joyería. Días antes en la misma joyería habían asesinado al encargado, esta vez era el dueño.
- Señor Jones- dijo asustado el oficial- Asesinaron al dueño de la joyería. Hay una nota en su pecho.
- Quédate ahí y no toques nada. Despeja el área. Voy para allá.
Cuando llegue estaban todos afuera. La mujer de Gabriel, dueño de la joyería estaba llorando con la ilusión de que estuviera vivo. Cuando estaba avanzando, vi al hombre de al lado con una mirada sospechosa. Llevaba puesto un chaleco negro con capucha y un pantalón de jeans azul. Vi una gota roja en su zapatilla blanca. Tenía pelo largo. Y antes de entrar a su casa le dio a un hombre una bolsa de consorcio negra.
Cuando entre a la joyería vi a Gabriel tirado en el piso. Era un hombre que tenía pelo castaño. Era alto y flaco, y en su pecho había una nota tal como dijo el oficial. Me puse mis guantes para que no se borren las huellas. La carta decía: “Jones: Mato por dinero y por placer. Quiero darte un caso que nunca puedas resolver”
Llame a mi ayudante, mi hermana Maica. A la que le gusta escribir los casos que resolvemos juntos.
Al rato, llegó a la escena del crimen y encontramos un teléfono celular. Parece que se trataba de un asesino serial porque no era común que dejara tantas pistas. Cuando revisamos el teléfono celular, tenía registrado un solo número y un mensaje recibido. El mensaje era extraño. Sólo eran dos palabras, decía: “pelo largo”. Eso me llevo al hombre de al lado. Fuimos con mi ayudante a interrogarlo. Decía que no tenía nada que ver. Revisamos su casa y descubrimos que una habitación estaba a medio pintar de color rojo. Eso explicaba la mancha roja en el zapato. Además la bolsa de consorcio era basura.
Un testigo, un anciano de 65 años, vio salir a alguien de pelo largo de ahí, que dejo caer intencionalmente el celular, así que Maica pensó por qué ha de dejar tantas pistas sabiendo que lo pueden descubrir. Y además vive muy cerca para dejar que lo incriminen.
Luego, fui a mi departamento a pensar, tome mi pipa y comencé a balancearme en mi silla. Pensé en la escena del crimen y en ese mismo momento fui con mi hermana a la casa de la esposa de Gabriel. La interrogamos y revisamos el lugar y encontramos dos celulares iguales que el de la escena del crimen. Ahí lo descubrí. Ella lo mató. Tenía el pelo largo, tal como decía el anuncio. Se hacía llamar la viuda negra. Mataba a todos sus esposos, después de firmar los papeles para quedarse con la herencia. Era buscada en tres nacionalidades distintas. Tenía más de veintiún documentos con diferentes nombres.
- ¿Pero el encargado era una de sus esposos?- Preguntó Maica.
- No lo sé- Le respondí- ¿Por qué lo mató?
- Porque me descubrió- Confesó la asesina.
Ya no tenía escapatoria, sabía que la habían atrapado. Estaba perdida.
Unos días después llevaron a juicio a la “viuda negra”. Le dieron cincuenta años de prisión. Y lo más importante es que otra vez mi hermana y yo pudimos resolver uno más de los tantos casos que nos tocó investigar.
Brian Silva
Maica Romano
Un día nublado a las 3:33 PM sonó el teléfono. El oficial Ramírez llamaba para decir
que hubo otro asesinato en la joyería. Días antes en la misma joyería habían asesinado al encargado, esta vez era el dueño.
- Señor Jones- dijo asustado el oficial- Asesinaron al dueño de la joyería. Hay una nota en su pecho.
- Quédate ahí y no toques nada. Despeja el área. Voy para allá.
Cuando llegue estaban todos afuera. La mujer de Gabriel, dueño de la joyería estaba llorando con la ilusión de que estuviera vivo. Cuando estaba avanzando, vi al hombre de al lado con una mirada sospechosa. Llevaba puesto un chaleco negro con capucha y un pantalón de jeans azul. Vi una gota roja en su zapatilla blanca. Tenía pelo largo. Y antes de entrar a su casa le dio a un hombre una bolsa de consorcio negra.
Cuando entre a la joyería vi a Gabriel tirado en el piso. Era un hombre que tenía pelo castaño. Era alto y flaco, y en su pecho había una nota tal como dijo el oficial. Me puse mis guantes para que no se borren las huellas. La carta decía: “Jones: Mato por dinero y por placer. Quiero darte un caso que nunca puedas resolver”
Llame a mi ayudante, mi hermana Maica. A la que le gusta escribir los casos que resolvemos juntos.
Al rato, llegó a la escena del crimen y encontramos un teléfono celular. Parece que se trataba de un asesino serial porque no era común que dejara tantas pistas. Cuando revisamos el teléfono celular, tenía registrado un solo número y un mensaje recibido. El mensaje era extraño. Sólo eran dos palabras, decía: “pelo largo”. Eso me llevo al hombre de al lado. Fuimos con mi ayudante a interrogarlo. Decía que no tenía nada que ver. Revisamos su casa y descubrimos que una habitación estaba a medio pintar de color rojo. Eso explicaba la mancha roja en el zapato. Además la bolsa de consorcio era basura.
Un testigo, un anciano de 65 años, vio salir a alguien de pelo largo de ahí, que dejo caer intencionalmente el celular, así que Maica pensó por qué ha de dejar tantas pistas sabiendo que lo pueden descubrir. Y además vive muy cerca para dejar que lo incriminen.
Luego, fui a mi departamento a pensar, tome mi pipa y comencé a balancearme en mi silla. Pensé en la escena del crimen y en ese mismo momento fui con mi hermana a la casa de la esposa de Gabriel. La interrogamos y revisamos el lugar y encontramos dos celulares iguales que el de la escena del crimen. Ahí lo descubrí. Ella lo mató. Tenía el pelo largo, tal como decía el anuncio. Se hacía llamar la viuda negra. Mataba a todos sus esposos, después de firmar los papeles para quedarse con la herencia. Era buscada en tres nacionalidades distintas. Tenía más de veintiún documentos con diferentes nombres.
- ¿Pero el encargado era una de sus esposos?- Preguntó Maica.
- No lo sé- Le respondí- ¿Por qué lo mató?
- Porque me descubrió- Confesó la asesina.
Ya no tenía escapatoria, sabía que la habían atrapado. Estaba perdida.
Unos días después llevaron a juicio a la “viuda negra”. Le dieron cincuenta años de prisión. Y lo más importante es que otra vez mi hermana y yo pudimos resolver uno más de los tantos casos que nos tocó investigar.
Brian Silva
Maica Romano
viernes, 19 de noviembre de 2010
Historia de la escuela insvestigada por alumnos de 6 grado
Los alumnos de 6º investigaron un montón. Desempolvaron archivos de la escuela: registros de inspectores, boletines, planos, realizaron entrevistas y construyeron solitos la historia de la escuela. Al mismo tiempo atravesaron la historia institucional con la de Laferrere y la historia nacional y mundial.
La historia de la escuela 84
El 4 de marzo de 1911 se dieron planos para la fundación de Laferrere, el 13 de ese mismo mes se aprueban los planos. Al año siguiente se planifica la construcción de 100 chalets para este nuevo pueblo. En el año 1913 se rematan los lotes y de esa planificación solo se construyeron 20 chalets. En 1914 comienza la primera guerra mundial, lo cual provocó una gran crisis económica donde se estanca el crecimiento del barrio y en ese momento sólo quedaban 700 habitantes. En el año 1955 ROCCO Y VALENTIN realizaron el más importante de los remates con 2500 lotes y en menos de un año se vendieron el 80 por ciento de los lotes.
En Gregorio de Laferrere, todo era pueblo, porque había pocas casas, había quintas y las calles eran de tierra.
Las maestras de pueblo se trasladaban en carro para llegar a las escuelas.
La primera ambulancia fue un carro conducida por un enano.
En esa época en los países había muchas guerras. Entonces de a poco fueron llegando los paraguayos, los polacos, bolivianos, españoles e italianos.
La música que se escuchaba eran “Los gatos”, “Manal” y también los Almendras. La música trajo la moda de la vestimenta.
Los hombres mayores se vestían de trajes y las mujeres de vestidos largos y tacos. Los adolescentes usaban jeans que provenían de Estados Unidos.
En 1960, Gregorio de Laferrere estaba formada por el hospital, la comisaría, la iglesia Cristo Rey y la primera escuela Nº19.
Cinco años después a metros de las vías del ferrocarril se construye una escuela en 1960 con casillas precarias, la escuela 84.
Esos años fueron increíbles en el barrio pero tuvo muchos recuerdos lindos la fundación de la estación de tren, el primer viaje en tren, los remates de lotes, como la primera vez que llego el colectivo, calles con asfalto, pero hablando de cambios, en 1967 Laferrere inaugura la famosa ruta 21 digo famosa porque gracias a eso Laferrere recibió más visitantes y hicieron más kioscos, carnicerías, ferreterías, restaurantes, escuelas, hospitales.
Laferrere fue creciendo y la cantidad de alumnos también así se construyeron dos aulas más.
La escuela 84 se creó en el terreno que fue donado por la parroquia Santa Teresita. En los primeros años funcionaban tres casillas precarias como aulas y tres vagones de tranvía. El patio era de tierra y sin alambrar. En la zona había animales sueltos que acechaban a los alumnos.
Aproximadamente asistían a la escuela, en esos años 800 alumnos repartidos en tres turnos (mañana, intermedio y tarde). En cada casilla se dictaban clases a dos grados, por lo que era muy difícil dar clase.
En esos años la preocupación de los docentes era además de la precariedad de la escuela, la tuberculosis.
Observando un plano de la escuela realizado en 1966, se nota que el terreno de la escuela tiene forma de L. Los pisos ya eran de cemento. El mástil estaba en el centro del patio. La puerta de entrada no estaba donde se encuentra actualmente. La dirección estaba donde ahora está la escalera y los cuartos de utilería donde ahora está el comedor y donde es la cocina había una casilla de madera y otra donde están los salones de 3º y 4º grado.
En el patio actual había tres vagones de tranvía. En los salones donde ahora está la biblioteca, 1º y 2º grado había un techo de losa sin terminar. Donde ahora están los baños había un sanitario a demoler y además allí se encontraba una bomba manual desde donde se podía obtener agua.
Solo había mampostería en los frentes de la escuela y en las medianeras lindantes alambrado.
Años después se instalo la escuela secundaria básica nº 108, y se construyo el piso de arriba con seis salones, dos baños. En la actualidad la secundaria utiliza cuatro salones y una preceptoría, las otras dos aulas las usa la primaria.
Investigación realizada por alumnos de 6 grado A, B, C.
viernes, 12 de noviembre de 2010
jueves, 11 de noviembre de 2010
180 días de clase ¿Será esa la cuestión?
180 Días…
180 días de clase. Parece que esta es la cuestión. La principal variable de la calidad educativa.
Cada año al comenzar un nuevo ciclo escolar escuchamos a políticos, educadores y periodistas señalar como objetivo principal, cumplir con 180 días de clase como herramienta fundamental para lograr que el sistema educativo se traduzca en calidad educativa.
En los últimos tiempos observamos como este imaginario, se viene reproduciendo, adoptando casi la forma de mito, naturalizándose. Quedando como todo mito, en un lugar incuestionable.
Las investigaciones didácticas aseveran que para llevar a cabo cualquier situación de enseñanza es necesario continuidad y sistematización. Bajo este concepto, que compartimos, podemos aceptar y reconocer que los 180 días de clases sean una variable importante a tener en cuenta para el logro de la calidad educativa.
¿Pero es este el principal indicador de análisis al momento de garantizar buenos aprendizajes?
Tomemos como ejemplo el área de lengua, puntualmente las prácticas en los 4º 5º y 6º grado. 180 días de clases para hacer análisis sintáctico, memorizar la definición de sustantivo, adjetivos, sinónimos, antónimos, repetir las conjugaciones verbales en pretérito en presente y en futuro, escribir un cuento, sin ningún soporte textual, probablemente estos cuentos deberán tocar el tema de los valores humanos, pero eso si, empezar escribiendo primero oraciones, luego párrafos y poco a poco se irá construyendo el texto. La docente realizará las correcciones pertinentes, quitándole la posibilidad al alumno de responsabilizarse de su escritura, para luego escribir el cuento con las modificaciones que se le realizaron.
Luego de algún cuento leído por parte de la docente (práctica no muy habitual en las escuelas) los alumnos deberán responder preguntas que no harán más que aniquilar el texto en cuestión.
Cuando los alumnos usen la lengua escrita para buscar información, deberán contestar cuestionarios cuyas respuestas la encontraran literal y ordenadamente en el único texto que manejan, “los manuales escolares”.
Así, los alumnos pasan por el sistema educativo, definiendo que es una novela, qué es un texto argumentativo, cuál es la métrica de una poesía, siguen analizando oraciones, leen en forma obligatoria una novela, y las situaciones de escritura pasan por explicar de qué trata tal o cuál texto.
Luego de 180 días de clases, de muchos años con estos 180 días de clases, se evaluará por ejemplo, las capacidades lectoras que posee los alumnos, y es aquí donde las estadísticas hablan por si mismas.
Estadísticamente uno de los obstáculos que presentan los alumnos que acceden a los exámenes de ingreso de la facultad o aquellos que cursan el C.B.C, es la imposibilidad de construir el sentido de cualquier tipo de texto. Debemos recordarle al lector que la mayoría de los alumnos que llegan a estas instancias de educación superior son chicos que seguramente tuvieron 180 días de clases, ya que pertenecen a sectores medios y altos de la sociedad y seguramente tuvieron recursos para acceder a una educación de “calidad”.
Interesante es observar como este problema en la formación de lectores competentes lo poseen también grandes países del mundo desarrollado. En Francia sin ir más lejos se adoptó un nuevo término que corre casi en paralelo al de analfabetismo y es el de ciudadanos iletrados. Término que corresponde a las personas que a pesar de poder decodificar un texto no pueden vincularse con el mismo, no entienden lo que leen.
Entonces, si los alumnos que llegan a la educación superior tuvieron la oportunidad de tener 180 días de clase durante toda su formación primaria y secundaria y aún así presentan obstáculos en su formación universitaria. Cuál es la variable a tener en cuenta, en dónde deberíamos bucear para intentar encontrar una respuesta a la calidad educativa.
Una respuesta posible la podemos encontrar en tener 180 días clases pero con otras prácticas de enseñanza. Prácticas que alfabeticen para la vida ciudadana y no para la escuela-Suena paradójico, pero para qué habrá de alfabetizar la escuela si no es para el trabajo y la vida ciudadana y democrática-.Prácticas de uso social y no tanto de uso escolar.
Desde este paradigma escribir una carta en la escuela deberá tener un destinatario real que trascienda la aprobación de la docente, el escribir un cuento de terror tendrá el objetivo social de leérselos a los compañeros de primer grado.
Establecer acciones, hábitos lectores por parte del maestro, para que los chicos se adentren y cautiven en el mundo literario.
Recordemos que el verbo leer no admite imperativos, como tampoco lo admiten el verbo amar y querer, en este sentido intentar desplegar un abanico de texto que seduzcan a los chicos, para que en el proceso, los alumnos puedan tomar decisiones de qué leer y qué desechar. Como hacemos todos los lectores en la vida real.
Desarrollar capacidades de lectura y escritura que correspondan a cada necesidad, no es lo mismo leer el diario que leer un clásico, como no es lo mismo leer para buscar información que para leer poesía. En cada caso se ponen en juego diferentes estrategias lectoras. Diferentes estructuras textuales que abordar.
Otro tanto pasa con la escritura. Analizar cuál es la estructura del texto que se desea escribir, hacerse cargo de su escritura y reflexionar acerca de la misma, escribir borradores las veces que sea necesario hasta considerar que el texto está bien escrito, son acciones, quehaceres del escritor, que se llenan de sentido en tanto, prácticas de uso social.
En síntesis y para no realizar un tratado didáctico. 180 días de clase para encontrar sentido a las prácticas. Pensar el desafío, como dice Delia Lerner, de incorporar a todos los alumnos a la cultura de lo escrito, y lograr que todos sus exalumnos lleguen a ser miembros plenos de la comunidad de lectores y escritores.
Las escuelas públicas al no cumplir con los 180 días de clases reproducen la desigualdad social y las escuelas privadas garantizan y solo garantizan los 180 días. Pero ninguna de las dos, salvo honrosas excepciones observables en cualquiera de los dos sistemas, garantiza la calidad educativa.
Gabriel Franic
180 días de clase. Parece que esta es la cuestión. La principal variable de la calidad educativa.
Cada año al comenzar un nuevo ciclo escolar escuchamos a políticos, educadores y periodistas señalar como objetivo principal, cumplir con 180 días de clase como herramienta fundamental para lograr que el sistema educativo se traduzca en calidad educativa.
En los últimos tiempos observamos como este imaginario, se viene reproduciendo, adoptando casi la forma de mito, naturalizándose. Quedando como todo mito, en un lugar incuestionable.
Las investigaciones didácticas aseveran que para llevar a cabo cualquier situación de enseñanza es necesario continuidad y sistematización. Bajo este concepto, que compartimos, podemos aceptar y reconocer que los 180 días de clases sean una variable importante a tener en cuenta para el logro de la calidad educativa.
¿Pero es este el principal indicador de análisis al momento de garantizar buenos aprendizajes?
Tomemos como ejemplo el área de lengua, puntualmente las prácticas en los 4º 5º y 6º grado. 180 días de clases para hacer análisis sintáctico, memorizar la definición de sustantivo, adjetivos, sinónimos, antónimos, repetir las conjugaciones verbales en pretérito en presente y en futuro, escribir un cuento, sin ningún soporte textual, probablemente estos cuentos deberán tocar el tema de los valores humanos, pero eso si, empezar escribiendo primero oraciones, luego párrafos y poco a poco se irá construyendo el texto. La docente realizará las correcciones pertinentes, quitándole la posibilidad al alumno de responsabilizarse de su escritura, para luego escribir el cuento con las modificaciones que se le realizaron.
Luego de algún cuento leído por parte de la docente (práctica no muy habitual en las escuelas) los alumnos deberán responder preguntas que no harán más que aniquilar el texto en cuestión.
Cuando los alumnos usen la lengua escrita para buscar información, deberán contestar cuestionarios cuyas respuestas la encontraran literal y ordenadamente en el único texto que manejan, “los manuales escolares”.
Así, los alumnos pasan por el sistema educativo, definiendo que es una novela, qué es un texto argumentativo, cuál es la métrica de una poesía, siguen analizando oraciones, leen en forma obligatoria una novela, y las situaciones de escritura pasan por explicar de qué trata tal o cuál texto.
Luego de 180 días de clases, de muchos años con estos 180 días de clases, se evaluará por ejemplo, las capacidades lectoras que posee los alumnos, y es aquí donde las estadísticas hablan por si mismas.
Estadísticamente uno de los obstáculos que presentan los alumnos que acceden a los exámenes de ingreso de la facultad o aquellos que cursan el C.B.C, es la imposibilidad de construir el sentido de cualquier tipo de texto. Debemos recordarle al lector que la mayoría de los alumnos que llegan a estas instancias de educación superior son chicos que seguramente tuvieron 180 días de clases, ya que pertenecen a sectores medios y altos de la sociedad y seguramente tuvieron recursos para acceder a una educación de “calidad”.
Interesante es observar como este problema en la formación de lectores competentes lo poseen también grandes países del mundo desarrollado. En Francia sin ir más lejos se adoptó un nuevo término que corre casi en paralelo al de analfabetismo y es el de ciudadanos iletrados. Término que corresponde a las personas que a pesar de poder decodificar un texto no pueden vincularse con el mismo, no entienden lo que leen.
Entonces, si los alumnos que llegan a la educación superior tuvieron la oportunidad de tener 180 días de clase durante toda su formación primaria y secundaria y aún así presentan obstáculos en su formación universitaria. Cuál es la variable a tener en cuenta, en dónde deberíamos bucear para intentar encontrar una respuesta a la calidad educativa.
Una respuesta posible la podemos encontrar en tener 180 días clases pero con otras prácticas de enseñanza. Prácticas que alfabeticen para la vida ciudadana y no para la escuela-Suena paradójico, pero para qué habrá de alfabetizar la escuela si no es para el trabajo y la vida ciudadana y democrática-.Prácticas de uso social y no tanto de uso escolar.
Desde este paradigma escribir una carta en la escuela deberá tener un destinatario real que trascienda la aprobación de la docente, el escribir un cuento de terror tendrá el objetivo social de leérselos a los compañeros de primer grado.
Establecer acciones, hábitos lectores por parte del maestro, para que los chicos se adentren y cautiven en el mundo literario.
Recordemos que el verbo leer no admite imperativos, como tampoco lo admiten el verbo amar y querer, en este sentido intentar desplegar un abanico de texto que seduzcan a los chicos, para que en el proceso, los alumnos puedan tomar decisiones de qué leer y qué desechar. Como hacemos todos los lectores en la vida real.
Desarrollar capacidades de lectura y escritura que correspondan a cada necesidad, no es lo mismo leer el diario que leer un clásico, como no es lo mismo leer para buscar información que para leer poesía. En cada caso se ponen en juego diferentes estrategias lectoras. Diferentes estructuras textuales que abordar.
Otro tanto pasa con la escritura. Analizar cuál es la estructura del texto que se desea escribir, hacerse cargo de su escritura y reflexionar acerca de la misma, escribir borradores las veces que sea necesario hasta considerar que el texto está bien escrito, son acciones, quehaceres del escritor, que se llenan de sentido en tanto, prácticas de uso social.
En síntesis y para no realizar un tratado didáctico. 180 días de clase para encontrar sentido a las prácticas. Pensar el desafío, como dice Delia Lerner, de incorporar a todos los alumnos a la cultura de lo escrito, y lograr que todos sus exalumnos lleguen a ser miembros plenos de la comunidad de lectores y escritores.
Las escuelas públicas al no cumplir con los 180 días de clases reproducen la desigualdad social y las escuelas privadas garantizan y solo garantizan los 180 días. Pero ninguna de las dos, salvo honrosas excepciones observables en cualquiera de los dos sistemas, garantiza la calidad educativa.
Gabriel Franic
domingo, 31 de octubre de 2010
PARA REFLEXIONAR SOBRE EL IMPACTO DE LA CULTURA GNERAL EN LA VIDA DE LAS PERSONAS
Lunes, 18 de octubre de 2010
LA VIDA DE CESAR GONZALEZ, LA OBRA DE CAMILO BLAJAQUIS
“Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba”
A los 21 años, después de haber estado preso desde los 16 hasta los 20, publicó La venganza del cordero atado, su primer libro de poemas. “Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente”, subraya.
Por Silvina Friera
César González se puso Camilo en homenaje a Cienfuegos y Blajaquis por el militante peronista de ¿Quién mató a Rosendo?
El aire se espesa en Morón. Se presiente la lluvia, el ataque de las gotas, como en uno de los poemas de Camilo Blajaquis, el seudónimo que eligió César González para escupir su dolor, su verdad, su poesía, cuando renació dentro de una cárcel. “¡Letras, máscara de mi herida! / Aliéntame esta tarde / que si no escribo soy piedra / y vuelvo a ser tan sólo un expediente/”, se lee en su primer libro, de título ricotero, La venganza del cordero atado (Ediciones Continente), con ilustración de Rocambole y prólogo de Luis Mattini. Dos trozos de carbón que arden; llamitas intrépidas lanzadas del presente hacia el futuro. Los ojos de César experimentan con la pequeña porción del horizonte que se deja ver desde la ventana de “Dallas”, un bar “cero burgués” –lo define—, un lugar de laburantes donde el joven juega de local desde febrero pasado, cuando salió en libertad. Su mirada se embarca en un mar de proyectos: otro libro de poemas más, el crecimiento de la revista que edita, ¿Todo piola? (ver aparte), la carrera de letras que cursa en la UBA. “Me lo bajo en un toque”, dice por el sándwich de pan francés que le acaba de servir Ubaldo Collado, dueño y mozo, sufrido hincha de Racing. Como César. Si la lluvia es el momento en que el cielo y la tierra tienen un orgasmo –como escribió en otro poema–, habrá que esperar ese encuentro. El sol empuja en cámara lenta a las nubes. “Algo le debo a mi sangre toba. Te dije que se estaba yendo la tormenta –se entusiasma, mientras comprueba que se cumple su pronóstico–; nunca le hagas caso al servicio meteorológico. Las culturas originarias de este continente miran el cielo y saben cuándo va a llover. Ahora tenemos todas las tecnologías. Y ni así le pegan.”
En menos de un minuto, César devora el sándwich. “¿Qué hacés, caradura?”, dice y saluda a Lucho, el padre de un compañero de la calle, cuando César andaba en la calle, unos seis años atrás que parecen prehistóricos. “En el barrio siempre es así, se acercan a saludarme.” El barrio es la villa Carlos Gardel, “panorama de vida que siempre tiene olor a celda, a plomo, a trabajo en negro o en gris o a traje de encargado de limpieza”, dice en el poema dedicado a ese lugar en el mundo donde nació –hace 21 años– y creció a los porrazos. Donde vive y da talleres literarios para rescatar a los pibes de un “infierno anunciado”. “No es que me levanté un día o manejé en mi cabeza, en algún momento, la idea de escribir un libro –cuenta César–. La venganza del cordero atado es un rejunte de los poemas que escribí, tan simple como eso.” Lo que no es tan simple es dónde los escribió, en institutos de menores, en la cárcel, bajo el seudónimo de Camilo Blajaquis: Camilo en homenaje al comandante Cienfuegos –uno de los líderes de la Revolución Cubana–, Blajaquis por el militante peronista asesinado en la pizzería La Real, relatado por Rodolfo Walsh en ¿Quién mató a Rosendo?
“Mi cabeza empezó a cambiar, a incorporar cosas nuevas; todo un mundo que no conocía hasta antes de caer preso, cuando me di cuenta de todo lo que se le oculta a un joven que le toca nacer en un barrio de clase baja, en una condición pobre y humilde como en la que nací. Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente. Te excluyen porque sos el negro de una villa, el negro de mierda, vas a ser chorro, obrero y nada más. El sistema te excluye y es mucho más cruel de lo que uno cree –repasa su aprendizaje–. Lo que juega es una exclusión simbólica: el de la villa es un ignorante, es un posible delincuente.” César subraya que el primer acto de su renacimiento, antes de la escritura, no fue la lectura –los libros que unas manos de mago, literalmente, acercaron a sus ojos– sino la libertad que le dio pensar. “Empecé a usar esto que tengo acá arriba –dice con el dedo índice en la sien– para algo productivo, para algo que me diera vida, que me diera fuerza. Y digo vida porque estaba muerto en vida: 16 años, seis balazos de la policía, me quedaban cinco años de cárcel; ingresé a un instituto con los clavos en las piernas, en muletas, pesando 50 kilos. Realmente estaba muerto.”
La realidad es que estaba preso –muerto en vida– en 2005. El camino de regreso a la vida tiene un nombre: Patricio “Merok” Montesano, un amigo que le acercó los libros, “un vago que daba taller de magia voluntariamente dentro de la cárcel”. “Nos trataba bien, no venía desde un lugar de profesor, ‘a ustedes, negritos, les vengo a enseñar cómo es la vida’, que es muchas veces la postura de los talleristas en la cárcel. El nos trataba como personas, no como monstruos. Nos enseñaba un truco de magia y nos hablaba de Walsh, de Cooke, del Che, de lo que pasó en los ’70. Nos hablaba de arte, de poesía, de cultura –enumera ese torbellino de novedades que lo asaltaron–. Al principio no le di mucha importancia, ‘este loco de mierda, qué me importa lo que dice, si total a mí me quedan un montón de años’. Pero venía en serio, con pureza, para ayudar.” El mago vaya si ayudó. Le prestó De Ernesto al Che, de Calica Ferrer. “Antes de ese libro yo no sabía, por ejemplo, que el Che era argentino, ni qué había hecho, ni cuáles eran sus ideales, ni por qué luchó –reconoce César–. Ese libro me sirvió para darme cuenta de que uno puede hacer un click en la vida, como lo hizo el Che. Y comenzaron las preguntas, aparecieron los porqué: por qué nací en una villa, por qué tuve que ser pobre, por qué tuve que nacer en un contexto de mierda, por qué tuve que saber a los 7, 8 años que existe la cocaína, el porro y que vivo en un barrio donde eso es frecuente y la cultura es ésa.”
La seguidilla de preguntas productivas se multiplicaban; estaba encerrado, pero no anestesiado. No sabía qué esperaba, pero algo llegaría. “¿Hubiese terminado en una celda si no hubiese nacido en una villa? Si nueve de cada diez de los que estábamos en la cárcel éramos de una villa. ¿Qué hubiese pasado si hubiese nacido en otro contexto? Realmente no sé, pero considero que en la cárcel no hubiese terminado con 16 años, baleado, adicto a las drogas como era. Se cayó la venda de mis ojos con mucha rabia. No quería darle el gusto al sistema, a la sociedad, que quiere que terminemos en la cárcel. Y fue una ruptura.”
–Y la rabia lo llevó a la lectura...
–Sí, a leer, a informarme, a llenarme de argumentos. Fue un renacimiento; el concepto de renacimiento en la historia de la humanidad es salir de la oscuridad de la Edad Media, de las tinieblas del oscurantismo. De repente aparecen Galileo, Da Vinci, Copérnico, otra corriente de filosofía con Descartes, los inventores, los pintores. Mi renacimiento fue gracias a la cultura. ¿Sabés por qué hablo de rabia?
–No.
–Porque no es lo mismo que alguien de clase media piense a que lo haga un pibe de clase baja. Si el de clase baja tiene conciencia de clase, la potencia que tiene ese pensamiento es mucho más explosiva que la de la clase media, en el sentido de rebelarte. Fue lo que me pasó a mí: tener conciencia de clase, pero no haciendo una separación porque yo soy de abajo, pero no quiero que se muera el de arriba. No. Yo pensaba todo esto, pero seguía dentro de una celda. No sabía que el día de mañana iba a publicar un libro, a hacer una revista...
–Tocó fondo: o se hundía del todo o flotaba y salía a la superficie, que es lo que hizo.
–Exactamente, pero una vez que llegué a flotar, había que remar porque estaba en el medio del mar y no había remos. Había que remar y no había balsa, había que remar y no había isla para naufragar. Me pegaron en la cárcel por leer, por escribir, por pensar, paradójicamente. La sociedad dice que en la cárcel estamos mejor, que los derechos humanos son sólo para los chorros... y uno escucha todo ese discurso de que nos gusta esa vida en la cárcel, que no hacemos nada. A mí no me gustaba esa vida y decidí hacer otra cosa: leer, terminar el secundario, recibirme. Pero no recibí un abrazo de la sociedad; recibí piñas, me quebraron los tobillos, me rompieron un diente; sufrí miles de requisas por leer y escribir. Me di cuenta de que la sociedad prefiere que los pibes roben, que se droguen antes que accionen y piensen. Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba. Cuando un pibe en este país pensó y accionó, lo torturaron, lo masacraron y no apareció más.
–En un poema se lee que una psicóloga dijo que no podía ser escritor. ¿Fue así?
–“Y esa piña duele más que la del guardia”... puse en ese poema. Siempre recuerdo el día que escribí mi primer poema y se lo llevé a una psicóloga que tenía en el Instituto Belgrano. Lo había escrito la noche anterior después de leer una crónica de Arlt en Aguafuertes porteñas que me había gustado mucho. Seguramente estaría lleno de limitaciones; al principio escribía con rima, no podía escaparle a eso (risas). Había sentido un vómito que me daba libertad. Algo se había desatado, el candado se había quebrado cuando escribí ese poema. No es una figura menor el psicólogo dentro de la cárcel; es el juez cotidiano de tu vida. Yo le llevaba un poema que me había hecho sentir persona... Yo me odié mucho tiempo, pero llegó un momento en que ese odio lo transformaba en violencia o en poesía. La psicóloga dejó el papel a un costado y me dijo: “Muy lindo esto, pero cuando salgas tenés que trabajar. Vos cometiste un delito, tenés que resarcir a la sociedad y la única forma es que te rompas el lomo trabajando. Con esto –por el poema– no resarcís el daño. Esto puede ser muy lindo, un pasatiempo, pero tenés que trabajar. A ver si se te mete en la cabeza...”. Y no fue una mala experiencia como argumentan algunos psicólogos para que me quede tranquilo. ¡Las pelotas fue una mala experiencia! Tuve doce psicólogos diferentes y todos me dijeron lo mismo. Ninguno me leyó un poema. Yo necesitaba que alguien lo leyera, que me dijera: “Está feo, pero vas bien”. Era un acontecimiento para mí, pero me lo negaban, lo reprimían. Cuando se lo di a Patricio, me dijo: “¿Es la primera ves que escribís? Seguí, probá, no está nada mal”. Y me trajo libros de poesía. ¿Te das cuenta la función de uno y otro? Uno estaba para ayudar, los psicólogos para reprimir.
–¿Por qué dice en un poema que “aunque no parezca soy poeta, soy un optimista”?
–Ese poema es una trompada tras otra, pero lo escribí en otro momento. Eso fue hace tres años, cuando pensaba que la política eran los políticos, pero ahora sé que es una herramienta. Si los políticos en nombre de la política hicieron desastres, la palabra no tiene la culpa. Hay optimismo en el escenario político argentino y hasta noto cierta alegría. La naturaleza de los barrios bajos es el peronismo obrero. No puedo desconocer eso; y con más facilidad me doy cuenta de que este gobierno se corresponde con esa naturaleza, que este gobierno está relacionado directamente con los intereses populares y me siento identificado. Yo viví en una casa de material y chapa toda la vida. Hoy tenemos una casa digna con calefón, cocina y agua caliente. Pero tampoco me encierro en una etiqueta ideológica. Soy peronista, pero lo que menos me gusta del peronismo es Perón. Para mí el peronismo es una esencia colectiva; por eso me siento identificado con esa subjetividad colectiva que resistió 18 años. Soy eso, pero también marxista y me gusta la filosofía, el rock y el reggae. Decir “soy esto” es autolimitarse, autoexcluirse. Yo quiero seguir creciendo y seguir siendo cada vez más cosas.
–¿Qué pasó con su lenguaje cuando salió de la cárcel? ¿Cambió?
–Sí, empecé la facultad, estoy en nuevos ambientes con gente que habla diferente. Pero el lenguaje es muy amplio; en mi barrio si tengo que hablar con los pibes, hablo así también. Soy así siempre, pero tampoco en exceso porque si me hago el académico me van a decir: “¿Qué estás hablando, gil?” (risas). Pero no me gusta el estereotipo y simular que soy villero y tener que comerme las eses y decir: “Ey, guacho”. Ya venía incorporando nuevas palabras a mi vocabulario desde la lectura. ¿Vos te pensás que hablaba así cuando caí en cana? Usaba la misma cantidad de palabras para hablar siempre de lo mismo: a quién le choreamos, cuánto hiciste, cuánta merca compramos, anda la yuta... No salía de ahí. Ahora no tengo odio, y eso que me sobraban los argumentos para odiar, para salir de la cárcel con ganas de matar. Sigo escribiendo poesía, estoy preparando mi segundo libro. Necesito escribir como el adicto necesita de su dosis. Mi dosis es escribir porque me corre la poesía por las venas. Y que por mis venas corra poesía es lo que me hace también experimentar una sobredosis de esperanza.
LA VIDA DE CESAR GONZALEZ, LA OBRA DE CAMILO BLAJAQUIS
“Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba”
A los 21 años, después de haber estado preso desde los 16 hasta los 20, publicó La venganza del cordero atado, su primer libro de poemas. “Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente”, subraya.
Por Silvina Friera
César González se puso Camilo en homenaje a Cienfuegos y Blajaquis por el militante peronista de ¿Quién mató a Rosendo?
El aire se espesa en Morón. Se presiente la lluvia, el ataque de las gotas, como en uno de los poemas de Camilo Blajaquis, el seudónimo que eligió César González para escupir su dolor, su verdad, su poesía, cuando renació dentro de una cárcel. “¡Letras, máscara de mi herida! / Aliéntame esta tarde / que si no escribo soy piedra / y vuelvo a ser tan sólo un expediente/”, se lee en su primer libro, de título ricotero, La venganza del cordero atado (Ediciones Continente), con ilustración de Rocambole y prólogo de Luis Mattini. Dos trozos de carbón que arden; llamitas intrépidas lanzadas del presente hacia el futuro. Los ojos de César experimentan con la pequeña porción del horizonte que se deja ver desde la ventana de “Dallas”, un bar “cero burgués” –lo define—, un lugar de laburantes donde el joven juega de local desde febrero pasado, cuando salió en libertad. Su mirada se embarca en un mar de proyectos: otro libro de poemas más, el crecimiento de la revista que edita, ¿Todo piola? (ver aparte), la carrera de letras que cursa en la UBA. “Me lo bajo en un toque”, dice por el sándwich de pan francés que le acaba de servir Ubaldo Collado, dueño y mozo, sufrido hincha de Racing. Como César. Si la lluvia es el momento en que el cielo y la tierra tienen un orgasmo –como escribió en otro poema–, habrá que esperar ese encuentro. El sol empuja en cámara lenta a las nubes. “Algo le debo a mi sangre toba. Te dije que se estaba yendo la tormenta –se entusiasma, mientras comprueba que se cumple su pronóstico–; nunca le hagas caso al servicio meteorológico. Las culturas originarias de este continente miran el cielo y saben cuándo va a llover. Ahora tenemos todas las tecnologías. Y ni así le pegan.”
En menos de un minuto, César devora el sándwich. “¿Qué hacés, caradura?”, dice y saluda a Lucho, el padre de un compañero de la calle, cuando César andaba en la calle, unos seis años atrás que parecen prehistóricos. “En el barrio siempre es así, se acercan a saludarme.” El barrio es la villa Carlos Gardel, “panorama de vida que siempre tiene olor a celda, a plomo, a trabajo en negro o en gris o a traje de encargado de limpieza”, dice en el poema dedicado a ese lugar en el mundo donde nació –hace 21 años– y creció a los porrazos. Donde vive y da talleres literarios para rescatar a los pibes de un “infierno anunciado”. “No es que me levanté un día o manejé en mi cabeza, en algún momento, la idea de escribir un libro –cuenta César–. La venganza del cordero atado es un rejunte de los poemas que escribí, tan simple como eso.” Lo que no es tan simple es dónde los escribió, en institutos de menores, en la cárcel, bajo el seudónimo de Camilo Blajaquis: Camilo en homenaje al comandante Cienfuegos –uno de los líderes de la Revolución Cubana–, Blajaquis por el militante peronista asesinado en la pizzería La Real, relatado por Rodolfo Walsh en ¿Quién mató a Rosendo?
“Mi cabeza empezó a cambiar, a incorporar cosas nuevas; todo un mundo que no conocía hasta antes de caer preso, cuando me di cuenta de todo lo que se le oculta a un joven que le toca nacer en un barrio de clase baja, en una condición pobre y humilde como en la que nací. Aparte de excluirte económicamente, te excluyen cultural y simbólicamente. Te excluyen porque sos el negro de una villa, el negro de mierda, vas a ser chorro, obrero y nada más. El sistema te excluye y es mucho más cruel de lo que uno cree –repasa su aprendizaje–. Lo que juega es una exclusión simbólica: el de la villa es un ignorante, es un posible delincuente.” César subraya que el primer acto de su renacimiento, antes de la escritura, no fue la lectura –los libros que unas manos de mago, literalmente, acercaron a sus ojos– sino la libertad que le dio pensar. “Empecé a usar esto que tengo acá arriba –dice con el dedo índice en la sien– para algo productivo, para algo que me diera vida, que me diera fuerza. Y digo vida porque estaba muerto en vida: 16 años, seis balazos de la policía, me quedaban cinco años de cárcel; ingresé a un instituto con los clavos en las piernas, en muletas, pesando 50 kilos. Realmente estaba muerto.”
La realidad es que estaba preso –muerto en vida– en 2005. El camino de regreso a la vida tiene un nombre: Patricio “Merok” Montesano, un amigo que le acercó los libros, “un vago que daba taller de magia voluntariamente dentro de la cárcel”. “Nos trataba bien, no venía desde un lugar de profesor, ‘a ustedes, negritos, les vengo a enseñar cómo es la vida’, que es muchas veces la postura de los talleristas en la cárcel. El nos trataba como personas, no como monstruos. Nos enseñaba un truco de magia y nos hablaba de Walsh, de Cooke, del Che, de lo que pasó en los ’70. Nos hablaba de arte, de poesía, de cultura –enumera ese torbellino de novedades que lo asaltaron–. Al principio no le di mucha importancia, ‘este loco de mierda, qué me importa lo que dice, si total a mí me quedan un montón de años’. Pero venía en serio, con pureza, para ayudar.” El mago vaya si ayudó. Le prestó De Ernesto al Che, de Calica Ferrer. “Antes de ese libro yo no sabía, por ejemplo, que el Che era argentino, ni qué había hecho, ni cuáles eran sus ideales, ni por qué luchó –reconoce César–. Ese libro me sirvió para darme cuenta de que uno puede hacer un click en la vida, como lo hizo el Che. Y comenzaron las preguntas, aparecieron los porqué: por qué nací en una villa, por qué tuve que ser pobre, por qué tuve que nacer en un contexto de mierda, por qué tuve que saber a los 7, 8 años que existe la cocaína, el porro y que vivo en un barrio donde eso es frecuente y la cultura es ésa.”
La seguidilla de preguntas productivas se multiplicaban; estaba encerrado, pero no anestesiado. No sabía qué esperaba, pero algo llegaría. “¿Hubiese terminado en una celda si no hubiese nacido en una villa? Si nueve de cada diez de los que estábamos en la cárcel éramos de una villa. ¿Qué hubiese pasado si hubiese nacido en otro contexto? Realmente no sé, pero considero que en la cárcel no hubiese terminado con 16 años, baleado, adicto a las drogas como era. Se cayó la venda de mis ojos con mucha rabia. No quería darle el gusto al sistema, a la sociedad, que quiere que terminemos en la cárcel. Y fue una ruptura.”
–Y la rabia lo llevó a la lectura...
–Sí, a leer, a informarme, a llenarme de argumentos. Fue un renacimiento; el concepto de renacimiento en la historia de la humanidad es salir de la oscuridad de la Edad Media, de las tinieblas del oscurantismo. De repente aparecen Galileo, Da Vinci, Copérnico, otra corriente de filosofía con Descartes, los inventores, los pintores. Mi renacimiento fue gracias a la cultura. ¿Sabés por qué hablo de rabia?
–No.
–Porque no es lo mismo que alguien de clase media piense a que lo haga un pibe de clase baja. Si el de clase baja tiene conciencia de clase, la potencia que tiene ese pensamiento es mucho más explosiva que la de la clase media, en el sentido de rebelarte. Fue lo que me pasó a mí: tener conciencia de clase, pero no haciendo una separación porque yo soy de abajo, pero no quiero que se muera el de arriba. No. Yo pensaba todo esto, pero seguía dentro de una celda. No sabía que el día de mañana iba a publicar un libro, a hacer una revista...
–Tocó fondo: o se hundía del todo o flotaba y salía a la superficie, que es lo que hizo.
–Exactamente, pero una vez que llegué a flotar, había que remar porque estaba en el medio del mar y no había remos. Había que remar y no había balsa, había que remar y no había isla para naufragar. Me pegaron en la cárcel por leer, por escribir, por pensar, paradójicamente. La sociedad dice que en la cárcel estamos mejor, que los derechos humanos son sólo para los chorros... y uno escucha todo ese discurso de que nos gusta esa vida en la cárcel, que no hacemos nada. A mí no me gustaba esa vida y decidí hacer otra cosa: leer, terminar el secundario, recibirme. Pero no recibí un abrazo de la sociedad; recibí piñas, me quebraron los tobillos, me rompieron un diente; sufrí miles de requisas por leer y escribir. Me di cuenta de que la sociedad prefiere que los pibes roben, que se droguen antes que accionen y piensen. Es más peligroso un pibe que piensa que un pibe que roba. Cuando un pibe en este país pensó y accionó, lo torturaron, lo masacraron y no apareció más.
–En un poema se lee que una psicóloga dijo que no podía ser escritor. ¿Fue así?
–“Y esa piña duele más que la del guardia”... puse en ese poema. Siempre recuerdo el día que escribí mi primer poema y se lo llevé a una psicóloga que tenía en el Instituto Belgrano. Lo había escrito la noche anterior después de leer una crónica de Arlt en Aguafuertes porteñas que me había gustado mucho. Seguramente estaría lleno de limitaciones; al principio escribía con rima, no podía escaparle a eso (risas). Había sentido un vómito que me daba libertad. Algo se había desatado, el candado se había quebrado cuando escribí ese poema. No es una figura menor el psicólogo dentro de la cárcel; es el juez cotidiano de tu vida. Yo le llevaba un poema que me había hecho sentir persona... Yo me odié mucho tiempo, pero llegó un momento en que ese odio lo transformaba en violencia o en poesía. La psicóloga dejó el papel a un costado y me dijo: “Muy lindo esto, pero cuando salgas tenés que trabajar. Vos cometiste un delito, tenés que resarcir a la sociedad y la única forma es que te rompas el lomo trabajando. Con esto –por el poema– no resarcís el daño. Esto puede ser muy lindo, un pasatiempo, pero tenés que trabajar. A ver si se te mete en la cabeza...”. Y no fue una mala experiencia como argumentan algunos psicólogos para que me quede tranquilo. ¡Las pelotas fue una mala experiencia! Tuve doce psicólogos diferentes y todos me dijeron lo mismo. Ninguno me leyó un poema. Yo necesitaba que alguien lo leyera, que me dijera: “Está feo, pero vas bien”. Era un acontecimiento para mí, pero me lo negaban, lo reprimían. Cuando se lo di a Patricio, me dijo: “¿Es la primera ves que escribís? Seguí, probá, no está nada mal”. Y me trajo libros de poesía. ¿Te das cuenta la función de uno y otro? Uno estaba para ayudar, los psicólogos para reprimir.
–¿Por qué dice en un poema que “aunque no parezca soy poeta, soy un optimista”?
–Ese poema es una trompada tras otra, pero lo escribí en otro momento. Eso fue hace tres años, cuando pensaba que la política eran los políticos, pero ahora sé que es una herramienta. Si los políticos en nombre de la política hicieron desastres, la palabra no tiene la culpa. Hay optimismo en el escenario político argentino y hasta noto cierta alegría. La naturaleza de los barrios bajos es el peronismo obrero. No puedo desconocer eso; y con más facilidad me doy cuenta de que este gobierno se corresponde con esa naturaleza, que este gobierno está relacionado directamente con los intereses populares y me siento identificado. Yo viví en una casa de material y chapa toda la vida. Hoy tenemos una casa digna con calefón, cocina y agua caliente. Pero tampoco me encierro en una etiqueta ideológica. Soy peronista, pero lo que menos me gusta del peronismo es Perón. Para mí el peronismo es una esencia colectiva; por eso me siento identificado con esa subjetividad colectiva que resistió 18 años. Soy eso, pero también marxista y me gusta la filosofía, el rock y el reggae. Decir “soy esto” es autolimitarse, autoexcluirse. Yo quiero seguir creciendo y seguir siendo cada vez más cosas.
–¿Qué pasó con su lenguaje cuando salió de la cárcel? ¿Cambió?
–Sí, empecé la facultad, estoy en nuevos ambientes con gente que habla diferente. Pero el lenguaje es muy amplio; en mi barrio si tengo que hablar con los pibes, hablo así también. Soy así siempre, pero tampoco en exceso porque si me hago el académico me van a decir: “¿Qué estás hablando, gil?” (risas). Pero no me gusta el estereotipo y simular que soy villero y tener que comerme las eses y decir: “Ey, guacho”. Ya venía incorporando nuevas palabras a mi vocabulario desde la lectura. ¿Vos te pensás que hablaba así cuando caí en cana? Usaba la misma cantidad de palabras para hablar siempre de lo mismo: a quién le choreamos, cuánto hiciste, cuánta merca compramos, anda la yuta... No salía de ahí. Ahora no tengo odio, y eso que me sobraban los argumentos para odiar, para salir de la cárcel con ganas de matar. Sigo escribiendo poesía, estoy preparando mi segundo libro. Necesito escribir como el adicto necesita de su dosis. Mi dosis es escribir porque me corre la poesía por las venas. Y que por mis venas corra poesía es lo que me hace también experimentar una sobredosis de esperanza.
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